Apenas dos meses después de que el estudio LatAm-FINGERS demostrara que una intervención estructurada sobre el estilo de vida puede generar mejoras cognitivas un 55% superiores a las recomendaciones generales de salud, investigadores, profesionales de la salud y referentes de sistemas sanitarios de todo el mundo se reunieron en Buenos Aires con un nuevo desafío: cómo transformar esa evidencia en programas concretos que puedan implementarse en diferentes comunidades de la región y llegar a la mayor cantidad de personas posible.
Este fue el principal eje de Brain Health and Cognition in Latin America, el encuentro organizado por Alzheimer’s Association en alianza con World Dementia Council. La reunión dio continuidad a los resultados de los estudios LatAm-FINGERS y U.S. POINTER y puso el foco en el siguiente paso: adaptar estas intervenciones y sus beneficios para que puedan funcionar en contextos sociales, culturales y sanitarios diversos.
Durante la apertura, Joanne Pike, presidenta y CEO de Alzheimer’s Association y presidenta de World Dementia Council (WDC), destacó el papel que América Latina está ocupando en la investigación sobre Alzheimer y otras demencias y la capacidad de colaboración desarrollada en la región. “América Latina está verdaderamente en el centro de la escena del liderazgo y el crecimiento de la investigación”, afirmó. Pike también destacó que los avances alcanzados por U.S. POINTER y LatAm-FINGERS representan un punto de partida para una nueva etapa en la investigación: “En Alzheimer’s Association creemos que es fundamental que la ciencia llegue efectivamente a las personas que pueden beneficiarse de ella”.
La primera parte de la jornada reunió los resultados de U.S. POINTER y LatAm-FINGERS, dos de los principales estudios sobre intervenciones multidominio para la salud cerebral. Rachel Whitmer, de UC Davis, presentó los resultados de U.S. POINTER, realizado en 2.111 adultos de entre 60 y 79 años. El estudio mostró que el grupo que recibió una intervención estructurada basada en actividad física, alimentación, entrenamiento cognitivo y control de factores de riesgo cardiovascular obtuvo mayores beneficios cognitivos que el grupo autoguiado, que recibió recomendaciones generales para adoptar hábitos saludables, y que la intervención estructurada se asoció con una desaceleración equivalente a entre uno y dos años en el envejecimiento cognitivo.

Por su parte, Lucía Crivelli, líder de LatAm-FINGERS e investigadora principal de FLENI, presentó los resultados del estudio realizado en 1.065 participantes de 11 países de América Latina. Durante dos años, la investigación evaluó los resultados de una intervención basada en actividad física, alimentación saludable, control de factores de riesgo cardiovascular, entrenamiento cognitivo y participación social. Los participantes que recibieron la intervención multidominio estructurada alcanzaron mejoras cognitivas un 55% superiores a quienes recibieron recomendaciones generales de salud.
Ambos estudios fueron financiados por Alzheimer’s Association. Los resultados de U.S. POINTER fueron publicados en Journal of the American Medical Association; los de LatAm-FINGERS, en The Lancet.
El diálogo científico en Buenos Aires retomó esos resultados. Si la evidencia mostró que la intervención funciona, la pregunta ahora es cómo aplicarla en el mundo real, fuera de las condiciones controladas de un ensayo clínico. “Necesitamos al gobierno. Necesitamos a los responsables de las políticas de salud. Necesitamos un enorme esfuerzo coordinado de toda la sociedad”, afirmó Gustavo Sevlever, de FLENI, al destacar la necesidad de impulsar la implementación desde las comunidades con políticas promovidas por los sistemas de salud.
Las experiencias presentadas en el encuentro coincidieron en que trasladar el modelo a la vida cotidiana no implica replicarlo, sino preservar sus componentes esenciales y adaptar su implementación a las características particulares de la población de cada región.
En este contexto, Crivelli presentó la propuesta de implementación que llevará el modelo al Área Metropolitana de Buenos Aires. La propuesta plantea mantener los componentes centrales de la intervención con contactos menos frecuentes y una mayor participación comunitaria, reducir la dependencia de dispositivos digitales e internet y apoyarse en estructuras existentes como centros de atención primaria, centros para personas mayores, espacios públicos y gimnasios. “La misma receta, menos contacto y más apropiación por parte de la comunidad”, resumió.
Las experiencias compartidas también mostraron que no existe una única fórmula para todas las implementaciones. El acceso al sistema de salud, la conectividad, la alfabetización, la alimentación, la organización familiar y las redes comunitarias varían entre países e incluso entre comunidades dentro de un mismo territorio. Entre los principales puntos de consenso estuvieron la necesidad de escuchar a las poblaciones antes de implementar, aprovechar las estructuras sanitarias y sociales existentes, incorporar trabajadores comunitarios de la salud y diseñar desde el inicio programas que puedan sostenerse en el tiempo.
En sus palabras de cierre, Maria C. Carrillo, directora científica y responsable de asuntos médicos de Alzheimer’s Association, destacó que el próximo paso debe ser transformar los avances científicos en acciones que puedan llegar a las personas a mayor escala. “Es responsabilidad de todos hacer que esto suceda. Nuestro desafío es transformar esta evidencia en programas, y los programas en políticas públicas. Y esas políticas harán posible la salud cerebral para todos”.