Un estudio de la Universidad Austral realizado entre 1.028 personas encontró que el 20,4% cuida a un familiar. Entre los cuidadores principales evaluados, el 40,8% alcanzó el nivel de sobrecarga intensa en la escala de Zarit. También aparecen diferencias de género: el 60,6% de las mujeres que cuidan son cuidadoras principales, frente al 44,4% de los varones. La protección laboral para cuidar varía fuertemente según el tipo de empleo: en promedio, el acceso a las licencias de cuidado relevadas alcanza al 53,7% entre los trabajadores formales, cae al 17,1% entre los informales y a apenas el 9,5% entre los independientes
El cuidado forma parte de la vida cotidiana de una proporción significativa de las personas relevadas, pero asumir esa responsabilidad de manera principal puede tener consecuencias importantes para quien cuida. Un estudio el Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad de la Universidad Austral realizado entre 1.028 personas encontró que el 20,4% cuida a algún familiar. El cuidado fue entendido en un sentido amplio y se tomaron 3 indicadores: apoyo social funcional dentro del área de capacidades sociales y bienestar subjetivo (afectivo, informacional y operativo) que corresponde a la Escala MOS de apoyo social percibido.
Entre quienes cuidan, la responsabilidad principal no se distribuye de la misma manera entre mujeres y varones. El 60,6% de las mujeres cuidadoras se identifica como cuidadora principal, frente al 44,4% de los varones. Entre los principales vínculos de cuidado aparecen madres o suegras (38,6%), hijos de 6 a 12 años (21%), hijos de 13 a 18 años (17,6%) y padres o suegros (15,7%).
Cuatro de cada diez presentan sobrecarga intensa
Uno de los principales hallazgos aparece al analizar qué ocurre con quienes asumen el rol de cuidador principal. Entre los 120 cuidadores principales evaluados, el 40,8% presentó sobrecarga intensa y, en total, seis de cada diez atravesaban algún grado de sobrecarga.
Para medirla, el estudio utilizó la Escala de Sobrecarga del Cuidador de Zarit, un instrumento de 22 ítems que establece tres niveles según el puntaje obtenido. Un resultado igual o superior a 56 puntos corresponde a sobrecarga intensa, categoría que el informe señala como asociada a una mayor morbimortalidad del cuidador y que amerita intervención.
La sobrecarga, además, no se comporta de igual manera en todos los grupos. Entre los cuidadores principales evaluados, el informe registra diferencias según sexo y convivencia con la persona cuidada. En cambio, declarar que se cuenta con apoyo no muestra por sí solo una reducción de la sobrecarga intensa: fue del 40% tanto entre quienes manifestaron tener apoyo como entre quienes no. El estudio plantea, a partir de este resultado, la importancia de considerar la calidad del apoyo y no solamente su existencia.
Una fuerte desigualdad según el tipo de empleo
El trabajo constituye otro de los ejes del estudio. El 68,4% de los participantes realiza un trabajo remunerado, proporción que alcanza al 75% entre quienes cuidan a un familiar, frente al 67% entre quienes no lo hacen. Es decir, en esta muestra cuidar no aparece necesariamente asociado a quedar fuera del mercado laboral.
Sin embargo, las condiciones para compatibilizar trabajo y cuidado son muy diferentes según la modalidad laboral. Al considerar las licencias relevadas —maternidad, paternidad, enfermedad de un familiar, eventos familiares y guardería—, el acceso promedio alcanza al 53,7% entre los trabajadores formales, cae al 17,1% entre los informales y a apenas el 9,5% entre los independientes. La formalidad laboral aparece así como una de las principales diferencias en la protección disponible para cuidar.
También aparece una distancia entre la modalidad de trabajo actual y la deseada. Mientras que el 48,8% trabaja de manera totalmente presencial y el 32,1% de forma híbrida, el 50,5% señala como modalidad ideal un esquema híbrido de dos o tres días de trabajo desde el hogar.
El cuidado no es solamente una carga
El estudio también advierte que reducir el cuidado únicamente a sus costos dejaría afuera otra dimensión relevante. El 95,7% de quienes cuidan encuentra algún aspecto gratificante en esa tarea. El cariño mutuo es mencionado por el 75,7%; el tiempo compartido, por el 61,9%; y los cambios que la persona cuidadora logra generar en quien recibe el cuidado, por el 51%. Solo el 4,3% afirma no encontrar ningún aspecto gratificante.
Los resultados plantean así una doble dimensión: el cuidado puede constituir una experiencia valiosa y significativa y, al mismo tiempo, generar niveles elevados de sobrecarga para quienes concentran la responsabilidad. El informe señala entre sus principales desafíos la necesidad de atender a quien cuida, mejorar los dispositivos de apoyo y reducir las diferencias de acceso a herramientas de conciliación laboral.
Sobre el estudio. La investigación relevó a 1.028 personas mayores de 18 años residentes en la Argentina, mediante una encuesta online realizada entre octubre de 2025 y abril de 2026. La muestra fue no probabilística y por muestreo en cadena, por lo que sus resultados describen a la población relevada y no deben extrapolarse estadísticamente al conjunto de la población argentina.