El vacío a llenar dentro del radicalismo nacional: ¿quién puede ordenar al partido rumbo a 2027?

Por Matías Mejuto, Analista Político

Es notorio que dentro del partido centenario no hay una conducción clara que aglutine a todos los espacios, lo que hace que distintos sectores comiencen a sentirse sin un respaldo nacional y a buscar alianzas para elecciones específicas.

Esta dispersión podría comenzar a ordenarse con el lanzamiento de un precandidato a presidente para 2027. Esto permitiría contener y conservar a la dirigencia y militancia del partido, darle un programa de gobierno y comenzar una construcción a largo plazo que permita volver a enamorar a un electorado que alguna vez supo apoyar al radicalismo y que hoy ya no lo ve como una alternativa.

Si bien no hay dudas de que el partido debería proponer cuanto antes un precandidato, antes de hacerlo sería necesario debatir qué necesita la UCR. Lo principal es que, ante la polarización que podría darse entre La Libertad Avanza y el peronismo, existe la posibilidad de que esa candidatura tenga un carácter testimonial. Lejos de ser necesariamente negativo, podría convertirse en el comienzo de una nueva construcción colectiva.

Lo segundo que debería preguntarse la dirigencia del partido es, ante este escenario, cuál debería ser el criterio para elegir a esa figura. ¿Presentar a un dirigente ya instalado, que difícilmente pueda tener otra posibilidad presidencial por una cuestión generacional, o apostar por una figura más joven que pueda amortizar el esfuerzo que implica una elección presidencial y proyectarse más allá de 2027?

Entrando en los posibles nombres —ninguno de los cuales se postuló todavía formalmente, aunque algunos comenzaron a moverse y a dar indicios—, entre los históricos ya instalados públicamente aparece Ricardo Gil Lavedra. El exjuez participó el último 6 de agosto del segundo encuentro de “Radicales: ¡Estamos a tiempo!”, impulsado, entre otros dirigentes, por el expresidente de la Auditoría General de la Nación, Jesús Rodríguez, y realizado en El Obrador.

Ricardo Gil Lavedra en el Obrador

Por su parte, el exsenador Ernesto Sanz reapareció en el programa de Novaresio y pidió recrear una coalición como Cambiemos y no descarto presentarse como candidato en las próximas elecciones.

Otro de los históricos es nada menos que el expresidente del bloque de Diputados de la UCR, Mario Negri, quien tampoco se ha proclamado candidato, pero volvió a aparecer en el debate público bregando por una alternativa política alejada de los extremos. Su regreso a la discusión nacional no es menor. Junto con otros dirigentes históricos del radicalismo, viene participando de encuentros destinados a discutir el futuro del partido y la construcción de una alternativa de cara a 2027. En ese marco, Negri aparece como una de las figuras con mayor experiencia política y conocimiento del funcionamiento interno de la UCR, aunque todavía no haya dado señales concretas de querer encabezar una candidatura presidencial.

Mario Negri – Cámara de Diputados de la Nación

Luego, entre las posibilidades de dirigentes que todavía no se encuentran instalados a nivel nacional aparece el actual diputado Pablo Juliano. Días atrás viajó a Jujuy para encabezar la charla “Es tiempo de Radicalismo”, ante dirigentes y jóvenes de la UCR local, en una señal de búsqueda de mayor presencia territorial. Por ahora no hay una candidatura presidencial formal, pero sí movimientos compatibles con una eventual discusión nacional hacia 2027. Su principal desafío sería ampliar esa construcción hacia un electorado radical que durante los últimos años se dispersó entre el PRO y La Libertad Avanza, mientras mantiene su pertenencia a un sector enfrentado con el Gobierno nacional.

Por último, otro de los nombres que comienza a ganar espacio en la discusión interna del radicalismo es el de Leonel Chiarella, actual presidente de la UCR. Su posicionamiento parece diferenciarse del de otros dirigentes del partido por una oposición más cuidada al Gobierno de Javier Milei. Chiarella cuestiona aspectos de la gestión nacional, especialmente en materia de infraestructura, educación y salud, pero al mismo tiempo reconoce algunos de sus resultados económicos y evita cerrar la puerta a un eventual acuerdo con otros sectores del espacio no peronista.

En una entrevista con Infobae, Chiarella sostuvo que la UCR debe trabajar primero en una propuesta propia para 2027, aunque no descartó una nueva alianza opositora: “Es una opción”. La definición resulta significativa porque muestra que, bajo su conducción, el radicalismo busca recuperar una identidad propia sin romper necesariamente con el electorado que en los últimos años se desplazó hacia el PRO y La Libertad Avanza.

Leandro Chiarella

Su posición al frente del Comité Nacional también le otorga una ventaja institucional: la posibilidad de tomar contacto con las distintas expresiones del radicalismo a lo largo y ancho del país, una tarea particularmente relevante para un partido atravesado por fuertes diferencias internas. En ese escenario, el respaldo de los gobernadores radicales podría resultar determinante para ampliar el alcance de una eventual candidatura. Si Chiarella lograra reunir ese apoyo, podría construir un consenso que trascienda las diferencias entre los distintos sectores internos y darle a su eventual postulación un carácter verdaderamente federal.

Por ahora, ninguno de estos nombres representa una candidatura presidencial formal dentro de la UCR, y tampoco puede descartarse que en los próximos meses aparezcan nuevas figuras dispuestas a asumir ese desafío. Pero los movimientos de los últimos meses muestran que la discusión ya comenzó.

El desafío del radicalismo nacional será, entonces, encontrar una referencia capaz de ordenar esa discusión y construir una propuesta común de cara a 2027, dentro o fuera de una posible coalición. Para eso, el partido deberá resolver también qué perfil necesita para encabezar esa construcción: si alcanza con recurrir a una figura histórica ya instalada, que difícilmente pueda tener otra posibilidad presidencial por una cuestión generacional, o si resulta necesario apostar por alguien con capacidad de proyectar el esfuerzo más allá de 2027. No se trata solamente de definir quién puede encabezar una eventual candidatura presidencial, sino de generar una conducción que permita contener a dirigentes y militantes de todo el país, evitar nuevas fugas hacia otros espacios y recuperar la idea de un radicalismo unido detrás de un proyecto nacional.