El color no es un recurso aislado, es una herramienta capaz de modificar la estructura de un espacio.
La arquitecta Virginia Domínguez, especialista en color de Alba Pinturas, explica : “El color en un espacio se define con una intención y lo transforma como la luz a la materia. Es el primer gesto alquímico: convierte una caja de muros en una atmósfera pensada, historias que se quieren contar, ambientes con sentimiento y emociones. Diseñar un espacio es despertarlo. Y cada paleta es una fórmula secreta entre la luz, el habitante y el alma del lugar”.
Piedra Diáfana™, un verde claro, suave y plateado , “levanta la casa en todos los aspectos, aportándole brillo, liviandad, elegancia y disfrute”. La elección responde a una investigación que Alba realiza desde hace más de dos décadas sobre tendencias sociales, culturales y de diseño en 80 mercados del mundo. Para el año entrante, el anhelo que detectaron es claro: que el hogar sea más leve, un lugar de amparo, simplicidad y alegría. “Volver a sentirnos radiantes”
El color adquiere un rol estructurante que va mucho más allá de la simple terminación de una pared. Ya no decora: construye atmósferas, altera la percepción de las dimensiones y modula la temperatura emocional de los ambientes.
Piedra Diáfana™ se trata de un verde claro, suave, versátil y ligeramente plateado que funciona como un lienzo neutro, capaz de mutar entre destellos fríos o cálidos según la incidencia de la luz, conectando los interiores con un oasis de calma y respiración biofílica. Esta tendencia no se agota en una paleta única, sino que explora tonalidades capaces de acompañar distintos estados de ánimo. Los verdes calmos conviven con tierras, ocres, borra de vino (o borravino), tonos arcillosos y el expresivo Azul Mediterráneo o Azul de Bohemia, multiplicando su impacto visual gracias a la búsqueda táctil que domina la temporada.