El valor de que nada cambie: el status quo del Sáhara como equilibrio útil

Por Yahia Mohamed Laminor

Estados Unidos, en su papel de redactor del expediente del Sáhara Occidental, ha distribuido el borrador de resolución para prorrogar un año más el mandato de la MINURSO. Formalmente, es un trámite conocido: extender hasta el 31 de octubre de 2027 una misión que supervisa un alto el fuego vigente desde 1991, porque considera hostigamiento de baja intensidad los ataques contra Marruecos del Frente Polisario desde noviembre de 2020 cuando declaró roto el alto el fuego por los incidentes en el paso fronterizo de Guerguerat.
En el fondo, es mucho más: es la confirmación de que el sistema funciona precisamente porque no se mueve. El mismo día, en la Cuarta Comisión, se vota el ritual anual que reafirma el Sáhara como territorio en proceso de descolonización. Dos salas, dos lenguajes, un mismo mensaje: nada cambia. Y que nada cambie es, paradójicamente, lo que permite que todo siga funcionando.

Veamos quién gana con que todo siga como está.

1.⁠ ⁠Gana Marruecos. Mantiene el control efectivo del 80% del territorio, desarrolla Dajla y El Aaiún como polos económicos atlánticos, y ve como su propuesta de autonomía sigue figurando en cada texto de Washington como “la base creíble y seria”. No necesita un reconocimiento final ruidoso. Le basta con que el reloj siga corriendo a su favor.

2.⁠ ⁠Gana Argelia y el Polisario. El status quo les preserva su razón de ser diplomática, su capital político en la Unión Africana y en parte de la izquierda internacional, y la gestión de un statu quo humanitario y militar que justifica presupuestos, alianzas y un discurso. Una solución definitiva les obligaría a gestionar una derrota o una integración compleja. La ambigüedad les es más rentable.

3.⁠ ⁠Gana Europa. España, Francia, la UE en su conjunto, necesitan estabilidad en el flanco sur, control migratorio, lucha antiterrorista en el Sahel y pesca en el Atlántico. Un Sáhara en calma, aunque no resuelto, es un Sáhara gestionable. Un Sáhara en erupción, con un referéndum fallido o una autonomía impuesta a la fuerza, es un incendio.

4.⁠ ⁠Gana la ONU. La MINURSO es la misión más barata, más longeva y menos letal de todo el sistema de mantenimiento de la paz. Le permite a la organización decir que está presente, sin el riesgo de un fracaso operativo. Prorrogar es existir.

5.⁠ ⁠Y gana, por supuesto, Estados Unidos. Washington es el gran beneficiado del equilibrio actual. Como penholder, controla los tiempos, el lenguaje y el desenlace de cada resolución. No tiene que elegir entre Rabat y Argel, porque no resolviendo, los mantiene a ambos en su órbita. A Marruecos lo retiene como socio estratégico en seguridad, en el marco de los Acuerdos de Abraham y como puerta al África atlántica. A Argelia no la empuja al bloque ruso-chino, porque no cierra la puerta del todo al discurso de la autodeterminación. Es el arte del poder americano: mantener el conflicto en punto muerto es mantener la influencia en punto máximo. Si resuelve, pierde palanca. Si rompe, pierde socios. Si administra, gana siempre. Por eso el borrador del 16 de octubre es inteligente en su conservadurismo. Renueva la MINURSO por un año. Mantiene el guiño a la autonomía marroquí sin convertirla en imposición. Abre consultas a puerta cerrada entre los 15 miembros, lo que garantiza que nadie hará ruido fuera. No busca la paz definitiva. Busca la paz útil. La que permite que el alto el fuego no se rompa, que las inversiones sigan, que las rutas atlánticas sigan seguras y que Washington siga siendo el árbitro indispensable al que todos tienen que llamar.

Los puristas dirán que es cinismo. Los realistas dirán que es estabilidad.

En el Sáhara, desde 1991, la estabilidad ha sido más valiosa que la solución. Y mientras siga siéndolo para todos, incluidos los que redactan las resoluciones en Nueva York, el mejor acuerdo posible será que no haya acuerdo.

Y que la MINURSO siga, un año más, vigilando un desierto donde la mejor noticia es que no pasa nada.