2 de abril, por Diego Barovero

Cada 2 de abril resulta imposible sustraerse a la conmemoración relacionada con la temporaria recuperación de nuestro territorio de las Islas Malvinas ocurrida en 1982 por determinación de la Junta Militar que encabezaba el gobierno de facto de la dictadura.

También resulta ineludible en el análisis que la enorme mayoría de la población, profunda y justicieramente consustanciada con la causa reivindicatoria de los derechos soberanos argentinos sobre el mentado archipiélago, apoyó en principio la empresa militar si bien desconociendo el detalle de la misma, así como sus razones más emparentadas con la necesidad de autojustificarse y legitimarse ante la historia de la propia dictadura y sobre todo ignorando la gravedad de las consecuencias no solamente bélicas al enfrentar a una potencia militar de la OTAN sino al deterioro que dicha acción causaba en el plano jurídico internacional en un pleito que la República Argentina tenía bien ganado – aunque aún irresuelto – en el campo diplomático desde 1965 en la ONU que reconoció en su resolución 2065 que en Malvinas existía un litigio de soberanía y ordenaba a las partes llevar a cabo negociaciones que arribaran a un entendimiento pacífico, algo claramente resistido por el Reino Unido.

En este aspecto corresponde señalar que como consecuencia de la mirada entusiasta de la ciudadanía por la justicia de la causa, amplios sectores de la dirigencia política y social que venían sosteniendo una actitud crítica sobre el ejercicio del poder por parte de los militares y exigían la normalización institucional mediante una convocatoria a elecciones libres y sin proscripciones, morigeraron sus posturas habida cuenta de que la Nación se encontraba afrontando un conflicto bélico con una potencia extranjera y resultaron funcionales a la estrategia oficial del gobierno de facto de presentar un frente interno unido ante la agresión militar británica materializada en el envío de una task force ante la negativa argentina de retirar las tropas desembarcadas en Malvinas aquel 2 de abril, ignorando la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que así lo indicaba.Fue por entonces que la mayoría de las directivas y conducciones de los patidos políticos, así como de las dos centrales obreras, las cuales venían de convocar y realizar una masiva protesta en Plaza de Mayo el 30 de marzo y que fuera violentamente reprimida por el régimen militar, no solamente emitieron declaraciones y documentos consustanciados con la justicia de la acción militar en sintonía con lo derechos soberanos del país en las islas del Atlántico Sur, sino que en algunos casos participaron del acto de asunción del gobernador militar designado por la dictadura general de brigada Mario Benjamín Menéndez viajando allí en un vuelo despachado por los militares y, posteriormente participando se diversas convocatorias y actividades oficiales en Casa Rosada expresando su solidaridad con el gobierno en la causa nacional.

Viene a cuento entonces mencionar que aisladamente se expresaron en contra del accionar del régimen de facto que eligió el uso de la acción militar directa para reivindicar el ejercicio de la soberanía territorial solamente el Movimiento de Integración y Desarrollo MID conducido por el expresidente Arturo Frondizi y su todavía compañero de ruta Rogelio Frigerio que el 22 de abril de 1982, en un artículo publicado en Clarín. «Es falso que cuando hay un conflicto internacional haya que callar las discrepancias con el gobierno, aun las que suscite ese mismo conflicto».

Otro dirigente que se expresó públicamente en contra de la acción militar fue el liberal Alvaro Alsogaray, habitualmente concesivo con los militares.

El otro fue Raúl Alfonsín que, como es sabido, era entonces dirigente de un sector minoritario del radicalismo, que había enfrentado a Ricardo Balbín en internas en 1972 y había sido entonces derrotado, pero que tenía ya un proyecto político que aspiraba a devolver a la UCR la condición mayoritaria desde una postura abiertamente crtítica a la dictadura, fundamentalmente en el terreno de la economía, criticando la orientación financiera destructuiva de la industria y la producción y el trabajo nacional y de los derechos humanos, ámbito en el que Alfonsín supo constuir su prestigio con actitudes consecuentes y firmes en tiempos en que no daba votos.

Los nombrados fueron de los muy escasos dirigentes políticos que en pleno exitismo belicista de la sociedad, alentado desde las usinas oficiales y paraoficiales del gobierno de facto, demostraron una actitud ecuánime, mesurada y crítica acerca de la guerra que, como finalmente se demostró, perjudicaría en el escenario internacional a los ojos del mundo la posición argentina, que gozaba de ventajas desde el punto de vista jurídico.

Lo cierto es que, tanto el MID como el liberalismo, mantuvieron su condición minoritaria en la compulsa social y que la UCR bajo el liderazgo indicutido de Alfonsín finalizada la guerra y producido el colapso final de la dictadura con la urgente convocatoria electoral de 1983, ya en el primer turno de la transición democrática debió afrontar las consecuencias de aquel conflicto que no fueron solamente políticas y militares sino diplomáticas y jurídicas, debido al inexcusable retroceso producido para la causa argentina en el campo de las relaciones internacionales.

Se ha afirmado que el gobierno de Alfonsín llevó a cabo un proceso de “desmalvinización” en sus políticas de Relaciones Exteriores y de Defensa, y que el primer presidente de la transición había desterrado de su discurso público y de la política oficial la palabra Malvinas ya que con el fin de asegurar la consolidación del régimen constitucional y democrático incipiente, sería contraproducente en el escenario y ante la opinión mundial la reiteración sostenida de las reclamaciones soberanas en el territorio en disputa.Como en otras situaciones, la acción psicológica consiguió su objetivo de instalar en la opinión general la certeza de una actitud claudicante por parte del alfonsinismo en cuanto al reclamo que no se condice con la realidad.

El sostenido reclamo del gobierno argentino a través de la Cancillería conducida casi todo el período presidencial por Dante Caputo, un intelectual independiente sumado por Alfonsín durante la campaña, obtuvo sendos y reiterados pronunciamientos no solamente por parte de la Asamblea General de Naciones Unidas cada año sino también por parte de otros foros y ámbitos internacionales que no solamente acompañaron la postura nacional sino que denunciaban la reiterada negativa del Reino Unido a entablar conversaciones diplomáticas sino que luego del enfrentamiento de 1982 procuraba fortificar el enclave insular en un contexto de elevación de la carrera armamentista mundial poniendo en riesgo la paz global.

Pero resulta particularmente sugerente y digno de traer al conocimiento general el primer discurso de homenaje a los combatientes caídos en la guerra de las Islas Malvinas del presidente Raúl Alfonsín a pocos meses de asumir la presidencia en un contexto harto difícil, bajo constantes presiones militares y por la grave expectativa internacional por la cercanía temporal de la guerra.

El acto fue en Luján el 2 de abril de 1984 y Alfonsín dijo entonces:”La fecha que hoy aquí nos convoca, 2 de abril, es una fecha de doble contenido; un contenido histórico porque la guerra ocurrió, porque nuestro muertos están en la tierra y en el de nuestro Sur y los hechos entraron en la historia; y un contenido emotivo muy profundo, porque no hay duda que la guerra de las Malvinas ha penetrado en el corazón de los argentinos.

Hoy vengo aquí a evocar con ustedes, delante de este monumento, a nuestros caídos en batalla, a esos valientes argentinos que ofrendaron su vida o que generosamente la expusieron en esa porción austral de la patrias.

Si bien es cierto que el gobierno que usó la fuerza no reflexionó sobre las tremendas y trágicas consecuencias de su acción, no es menos cierto que el ideal que alentó a nuestros soldados fue, es y será el ideal de todas las generaciones de argentinos: la recuperación definitiva de las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur”.

“La grandeza de la vida republicana está jalonada por los actos virtuosos de los ciudadanos. Nuestros combatientes fueron buenos en la vida, abnegados en la derrota, inmortales en la muerte. Cuántos ciudadanos de uniforme habrán deseados dejar sus cuerpos sin vida entre las piedras, la turba y la nieve, después de haber peleado con esfuerzo y osadía. Pero Dios vio a los virtuosos y de entre ellos los valientes y los animosos, de entre los dolidos y los apesadumbrados eligió a sus héroes. Eligió a estos que hoy memoramos. Ungidos por el infortunio, sin los laureles de la victoria, estos muertos que hoy honramos son una lección viva de sacrificio en la senda del cumplimiento del deber”.

“Su sacrificio no fue en vano; no lo fue porque hoy el pueblo y gobierno argentino además de sentir la fuerza de ese propósito irrenunciable, están también convencidos que esas trágicas muertes refuerzan aún más la convicción que tenemos sobre la justicia de nuestro reclamo. Esa fuerza redoblada no tiene límite en el tiempo. Va más allá de cualquier plazo; si alguien pensó alguna vez que el paso del tiempo haría declinar la convicción argentina acerca de sus derechos, deberá persuadirse ahora de que el tiempo jamás debilitará ni atenuará esa creencia, ni la firmeza de nuestra decisión de obtener una solución justa y definitiva. Esa es la convicción que guía nuestra acción diplomática. Los mensajes que hemos dirigido al gobierno británico reflejan esa convicción. Corresponde que el gobierno británico comprenda que así como estamos seguros de nuestros derechos, estamos igualmente persuadidos de que hemos de lograr el reconocimiento debido por la vía pacífica; por la negociación, por el diálogo, por el entendimiento”.

“Insistiremos en particular en la desmilitarizacion, porque no tenemos dudas de que la presencia armada del Reino Unido, con el agravante de la introducción de artefactos nucleares, genera graves riesgos que afectan no solo la seguridad de la República Argentina, sino la de todo el Atlántico Sur. No se puede persistir en tutelar artificialmente situaciones coloniales anacrónicas y que esa actitud es contraria la propia política de descolonización británica”.

“No puedo dejar de destacar especialmente la solidaridad de América Latina y de la mayoría de la comunidad internacional para nuestra causa. Queremos hoy renovar nuestro testimonio de agradecimiento por acompañarnos y apoyarnos …porque la causa de las Malvinas es también una causa latinoamericana. No es posible que siga habiendo colonias en América. No es posible que se pretenda perpetuar la apropiación de la tierra americana. Pido a mis conciudadanos entonces el homenaje de nuestro emocionado silencia para con nuestros muertos en la guerra. Ese silencio es el tributo hoy rendido a quienes han hecho posible que nos sintiéramos más dignos y honrados de ser argentinos”,La alocución presidencial, en línea con la tradición civica pacifista no renegaba de la justicia de los derechos soberanos argentinos en el archipiélago ni resignaba la denuncia de la potencia mundial que ignoraba los pronunciamientos de organismos supranacionales y afirmaba la línea de su política exterior basada en el respeto del derecho internacional y la búsqueda de soluciones negociadas.Sus conceptos además constituyen una incesante docencia democrática que Alfonsín ejerció en una sociedad lastimada por las violencia, el horror y la muerte que debió aprender a convivir con las consecuencias humanas y politicas de la derrota militar y su contextualización ayudan a comprender la magnitud de aquel traumático momento.-

-Diego A. Barovero