El violento tornado que azotó Frías el 30 de noviembre dejó un panorama desolador: techos arrancados, postes caídos, barrios enteros sin luz, agua ni comunicación. En medio de la emergencia, una estación de servicio local se transformó en un punto clave para coordinar la ayuda y sostener a los vecinos.
En cuestión de instantes, una feroz tormenta con ráfagas superiores a los 100 km/h y caída de granizo arrasó la Ciudad de la Amistad, provocando la voladura de techos, la caída de árboles y el corte total de los servicios esenciales. Vecinos describieron que las chapas volaban y los troncos caían sin control, generando angustia y pánico a su paso.
La madrugada se volvió una pesadilla: oscuridad absoluta, familias incomunicadas y una ciudad paralizada por la fuerza de la naturaleza.
Un faro en la oscuridad: la estación que no se apagó
En ese escenario caótico, una estación de servicio local —propiedad de Pedro Llorvandi— resistió mejor que el resto. Aunque también sufrió daños, contaba con grupo electrógeno propio, lo que le permitió mantener la energía y transformarse en un refugio improvisado para cientos de vecinos.
Desde allí, además, se montó el comité de crisis encabezado por las autoridades municipales y con la participación de las fuerzas vivas de la ciudad, que coordinaron la asistencia, la remoción de escombros y la distribución de insumos básicos.
“Como teníamos grupo electrógeno propio, pudimos sostener la tarea de apoyo logístico y que los vecinos carguen combustible, recarguen sus celulares y accedan a internet”, destacó Llorvandi en diálogo con este medio.
Días difíciles, respuesta inmediata
A la devastación inicial se sumó una intensa lluvia de 55 milímetros que complicó aún más los trabajos de recuperación y la normalización del servicio de agua potable.
A pesar de todo, en apenas tres días el 75% de los servicios esenciales fue restituido, gracias al esfuerzo del municipio —con la coordinación del secretario de Gobierno, Sebastián Salim, y del subsecretario de Defensa Civil, Mario Guzmán— y al apoyo de comunas vecinas que enviaron maquinaria y personal para colaborar con la limpieza y los arreglos.

Reconstruir lo perdido
Aunque la ciudad volvió a ponerse en movimiento, la herida aún duele: numerosas familias perdieron techos, electrodomésticos y en algunos casos sus hogares completos. El acompañamiento estatal y la solidaridad de la comunidad están siendo determinantes para que nadie quede atrás.
Porque si algo dejó claro el tornado es que, cuando la fuerza del viento arrasa, la fuerza de un pueblo unido puede más. Entre los restos de lo que voló, Frías encontró un motivo para seguir adelante: cuidarse entre todos. Y en esa misión, cada espacio que resistió —como la estación de servicio que se volvió punto de encuentro y de apoyo— fue más que un lugar: fue esperanza.
