Sáhara Occidental: Washington reactiva la vía de la autonomía mientras el Movimiento Saharaui por la Paz se consolida como alternativa realista

Por Hamoud Ghaillani

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se reúne este 30 de octubre para renovar el mandato de la MINURSO y examinar un proyecto de resolución estadounidense que podría redefinir los parámetros del dossier del Sáhara Occidental.

El texto, impulsado por la administración Trump, pretende colocar el plan marroquí de autonomía de 2007 en el centro de la solución política, reafirmando al mismo tiempo —bajo la presión de varias delegaciones— el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación, conforme a la Carta de las Naciones Unidas.Este giro marca una etapa decisiva.

Por primera vez en décadas, Estados Unidos no se limita a un papel de mediador, sino que asume una línea estratégica basada en el realismo diplomático, que considera que la estabilidad regional prima sobre la confrontación ideológica.

En un contexto en el que el Magreb y el Sahel atraviesan una profunda recomposición geopolítica, Washington busca imponer una solución “pragmática”, capaz de acercar posiciones sin reactivar el ciclo de tensiones armadas.Un texto estadounidense con contornos políticos definidos

Presentado el 22 de octubre, el proyecto de resolución califica el plan marroquí de “autonomía dentro del Estado marroquí” como “la solución más realista”, e incluso como “la base única de discusión”. Una formulación que, aunque posteriormente revisada, refleja la intención estadounidense de encuadrar el debate en un marco único.

Bajo la influencia del Departamento de Estado y del entorno estratégico de Donald Trump, la idea es convertir la autonomía en un instrumento de pacificación, evitando las referencias explícitas a un referéndum de independencia, considerado “inviable” desde hace más de treinta años.Ante las reservas de Argelia, Rusia y varios Estados africanos, una versión modificada reintrodujo la mención del “derecho del pueblo saharaui a disponer de sí mismo”, una concesión necesaria para evitar un veto.

Sin embargo, el equilibrio sigue siendo delicado: al situar la autonomía como horizonte preferente, Estados Unidos busca provocar un cambio doctrinal dentro de la ONU, pasando de un paradigma descolonizador rígido a un marco de gobernanza negociada.

Este viraje se inscribe en la continuidad del reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental en diciembre de 2020, una decisión que abrió el camino a una serie de alineamientos diplomáticos: España, Francia y el Reino Unido han expresado desde entonces su apoyo explícito o implícito a la propuesta de Rabat.

Una ofensiva diplomática coordinadaDe Rabat a Washington, la diplomacia marroquí ha llevado a cabo en los últimos meses una campaña de una intensidad poco común.

El ministro de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, ha multiplicado los encuentros bilaterales con Panamá, Sierra Leona, Somalia, Eslovenia y Corea del Sur, además de mantener contactos en París, Pekín y Moscú.

Esta estrategia de alianzas cruzadas busca consolidar un bloque mayoritario en torno a la resolución estadounidense.

En paralelo, Francia y el Reino Unido han apoyado a Rabat mediante una diplomacia “afín”, activando sus redes europeas y del Commonwealth, mientras Washington orientaba sus esfuerzos hacia Islamabad, Seúl y Liubliana.

Al mismo tiempo, Marruecos ha actualizado su proyecto de autonomía, consultando con las diplomacias francesa, británica y española.

Recomendaciones inspiradas en la Polinesia Francesa, Escocia y las comunidades autónomas de España han sido presentadas a Rabat.

Todo apunta hacia un modelo híbrido: una autonomía ampliada bajo soberanía reconocida, con garantías internacionales y un alto nivel de autogestión local.

La emergencia del MSP: la voz saharaui del realismo

En este contexto de recomposición, el Movimiento Saharaui por la Paz (MSP) se impone como un actor clave.

Fundado en 2020 por antiguos cuadros del Frente Polisario, procedentes de los campamentos de refugiados de Tinduf y de la diáspora saharaui, el MSP propone una tercera vía: la del diálogo, el compromiso y la legitimidad popular.

El movimiento mantiene presencia activa en El Aaiún, Dajla, Smara, Nuadibú, Nuakchot y en varias capitales europeas, movilizando a una gran parte de los saharauis que desean pasar página al exilio y al estancamiento político.

Bajo el liderazgo de Hach Ahmed Baricalla, el MSP defiende una estrategia basada en tres principios fundamentales:

• Reconocer las realidades sobre el terreno — Marruecos administra ya más del 80 % del territorio;

• Garantizar la participación directa de los saharauis en la negociación — ninguna solución puede imponerse sin su voz;

• Equilibrar soberanía y autodeterminación — la autonomía negociada como forma moderna de autodeterminación.

Mucho antes de que Washington adoptara esta línea, el MSP ya abogaba por una solución consensuada y compartida, vista no como una renuncia, sino como una muestra de madurez política.

Esta postura, que inicialmente ganaba peso en círculos diplomáticos africanos y europeos, encuentra hoy un eco directo en la terminología del proyecto estadounidense.

Una convergencia con la diplomacia de la ONUDesde el nombramiento de Staffan de Mistura como enviado personal, las Naciones Unidas buscan reintegrar a actores alternativos en el proceso político, tras décadas de polarización entre Rabat y el Polisario.

El MSP encaja perfectamente en esa dinámica: representa la diversidad interna del pueblo saharaui y propone una hoja de ruta compatible con los principios de la ONU.

Su propuesta —autonomía negociada bajo garantía internacional— coincide con las orientaciones de realismo inclusivo defendidas por varios miembros permanentes del Consejo.

Además, el MSP ha establecido canales de diálogo con cancillerías occidentales, africanas y latinoamericanas, promoviendo la idea de que la paz en el Sáhara Occidental debe ser un pilar de la estabilidad del Magreb y del Sahel.

A través de foros, cartas dirigidas al Secretario General de la ONU y declaraciones públicas, el movimiento ha dado voz a la mayoría silenciosa de los saharauis, que aspiran a la dignidad, la participación y la seguridad, más allá de la retórica de la confrontación.

Un desafío regional y generacional

El debate de este 30 de octubre no se limita a un voto técnico sobre la MINURSO.Representa un reajuste profundo de las prioridades internacionales: ¿cómo conciliar justicia histórica, estabilidad regional y aspiraciones populares?En esta ecuación, el papel del MSP se vuelve esencial.

Al defender una autonomía real dentro del respeto de los derechos políticos y culturales del pueblo saharaui, el movimiento abre el camino hacia una reconciliación regional duradera.

Asimismo, ofrece a las nuevas generaciones saharauis una esperanza concreta: vivir y trabajar en sus ciudades natales —El Aaiún, Dajla, Smara— con dignidad y en paz.

Hacia el fin de un ciclo histórico

Si el proyecto de resolución estadounidense llega a adoptarse, incluso en una versión enmendada, consagraría el fin del paradigma de la confrontación total y el inicio de una era de realismo constructivo.

La convergencia entre el plan marroquí, la iniciativa estadounidense y la visión saharaui del MSP abre la posibilidad de un nuevo pacto político, basado en la participación, el reconocimiento mutuo y la estabilidad.

El Sáhara Occidental podría dejar de ser el escenario de rivalidades geopolíticas para convertirse en un laboratorio de cooperación regional, donde soberanía, autonomía y paz se articulen en torno a un mismo objetivo: el bienestar de las poblaciones saharauis.

Entre las líneas de los discursos diplomáticos se impone una evidencia:el realismo saharaui del MSP ya no es una utopía marginal, sino la expresión viva de lo que el mundo busca hoy — una paz justa, negociada e inclusiva.