Burnout, el costo oculto del multitasking 

Por Ignacio Martínez Escalas, Head de Integralis Consulting

A medida que las empresas argentinas diseñan sus estrategias para 2026, una tendencia se vuelve evidente: la antigua ecuación “más tareas = más productividad” está llegando a su límite. El multitasking, históricamente celebrado como una virtud corporativa, hoy es reconocido como uno de los principales factores de desgaste humano y deterioro organizacional.

El multitasking ya no es un mérito: es un riesgo

En entornos de alta presión como el argentino, donde la incertidumbre obliga a los equipos a asumir múltiples roles simultáneos, el burnout dejó de ser un fenómeno aislado para convertirse en una epidemia silenciosa.Los datos no dejan lugar a dudas:Cambiar de tarea de manera constante puede reducir la productividad hasta un 40%.

El empleado promedio pierde más de 157 horas al año en reuniones que considera innecesarias.

El 58% del tiempo laboral —según Asana— se destina al trabajo sobre el trabajo: coordinar, buscar información, responder correos o asistir a reuniones que no agregan valor.

Es decir: se trabaja muchas horas, pero muy poco del trabajo real avanza.

Burnout: el costo financiero que nadie está midiendo

La Organización Mundial de la Salud reconoce al burnout como un síndrome ocupacional asociado al agotamiento crónico, la despersonalización y la baja eficacia.El impacto económico es contundente:Según Gallup, quienes experimentan burnout son 2,6 veces más propensos a buscar otro empleo.

Reemplazar a un talento clave cuesta entre 1,5 y 2 salarios anuales (SHRM).

El burnout no sólo erosiona la salud mental: provoca fuga de talento, frena la innovación y deteriora los resultados.

El problema real no es el trabajo duro: es el desorden invisible

La evidencia muestra que lo que agota no es la exigencia, sino la falta de diseño organizacional.Roles poco claros, prioridades cambiantes, sistemas fragmentados y sobrecarga colaborativa saturan la capacidad cognitiva de los equipos.Y una conclusión empieza a consolidarse en los estudios globales: las personas no renuncian a las empresas; renuncian al ruido, a la confusión y al mal diseño del trabajo.

Una respuesta sistémica: TRAX y la arquitectura para trabajar mejor

En este contexto surge TRAX, una metodología desarrollada por Integralis que propone una arquitectura de trabajo práctica, humana y consistente.A diferencia de Agile tradicional —que se enfoca principalmente en la ejecución técnica— TRAX opera como un sistema de coordinación inteligente que integra personas, procesos y prioridades.Su aporte central:Microespacios semanales de foco.

Tres compromisos concretos por equipo.

Una regla no negociable: avisar de antemano cuando algo no se podrá cumplir.

Esta simple práctica reduce la descoordinación, evita los “pasillos de urgencia” y disminuye la carga cognitiva de los equipos multitasking. TRAX distribuye la responsabilidad, ordena la colaboración y crea ritmos sostenibles sin perder velocidad ni ambición.

2026: el año para rediseñar la productividad

Los equipos no se quiebran por falta de talento. Se quiebran por exceso de fricción, ruido y prioridades superpuestas.Las empresas que avancen hacia 2026 con estructuras más inteligentes —menos multitasking, más foco; menos control, más claridad; menos urgencia, más diseño— serán las que logren resultados sostenibles en el tiempo.La verdadera productividad del futuro no nacerá de hacer más cosas al mismo tiempo, sino de la coherencia entre prioridades, procesos y energía humana.