MUNDIAL 2026: A LA ÉPICA (A VECES) NO LE GUSTAN LOS FINALES FELICES

Pese a no jugar una buena final y ser superado por España, el espíritu guerrero e inclaudicable de Argentina durante todo la Copa le dio una mística única, que, por un momento, generó la ilusión de repetir el título. Fin para el ciclo más maravilloso de la Selección, de la mano de Lionel Messi, el héroe por siempre.

Género literario en verso en el que se narran hechos de carácter histórico o legendario, protagonizados habitualmente por un héroe que representa a un pueblo o a una colectividad. Así define la Real Academia Española al concepto de épica. Y así también se define la memorable actuación de la Selección Argentina en el Mundial 2026, con un equipo de leyenda e inolvidable, comandado por un héroe, Lionel Messi, y sus lugartenientes inoxidables que representaron de manera brillante a su gente.

El camino que presentó contundencia, aunque también algunas dudas en la zona de grupos, se fue topando con una serie de dificultades en los mata-mata, que bañaron de mística e identificación a un equipo que ya había hecho historia. Pero si al mejor ciclo de todas las épocas de la Selección le faltaba algo era la besar la épica.

Y así llegó la remontada increíble frente a Egipto, el sufrimiento ante Suiza y el momento supremo: la pírrica victoria ante Inglaterra en semifinal. En ese caso, el halo épico sí le hizo un guiño al conjunto argentino y a su héroe, que dejó su ¿última? gran función para llevar a sus huestes a una nueva final del mundo.

Difícil sin combustible

Para la final, la mística llegó a su punto máximo. El héroe de 39 años arribó al octavo partido con un traje más terrenal, acorde a su edad, pese a empeñarse en no dejar de construir aún más su leyenda infinita. Sus fieles laderos, como Cristian Cuti Romero o Lisandro Martínez, gigantes ambos, debieron abandonar el campo por lesión. Y por si fuera poco, la infantil expulsión de Enzo Fernánez complicó aún más los planes del bicampeonato. Sin resto físico, el equipo de Lionel Scaloni, con la excepción de un par de acercamientos sobre el final del partido, se mostró sin respuesta durante casi todo el match. Y sin piernas ante un equipo como España, que hace un arte de la circulación de la pelota, la dificultad se multiplica.

Así y todo, el aura positiva le seguía dando una caricia a los diez jugadores que permanecían con absoluta hidalguía en cancha. Sin embargo, los caprichos de la inexplicable épica muchas veces engrandecen tal característica en la caída. Sin pretender romantizar la derrota -a nadie le gusta perder-, pareciera que ese adn epopéyico se lleva mejor con el tango que canta por lo que no fue, que con las perdices.

En un inevitable paralelismo con el desenlace de Italia ’90, el héroe Messi cayó de pie, heroico y final al igual que Diego Maradona en el Olímpico de Roma.

No pudo ser. Hay que reconocer que España fue mejor y que es un justo campeón. Aún en la derrota, el ciclo más maravilloso y exitoso de la Selección Argentina terminó con gloria y belleza. Estará en la conducción de la Asociación del Fútbol Argentino la misión de continuar por este memorable terraplén. Más allá de los triunfos obtenidos, la era Scaloni creó una escuela y un modelo a seguir. Si sigue o no el hombre de Pujato lo decidirá el propio DT, pero no es un cliché decir que sería ideal que su huella siga marcando el paso.