Cuando se ven los hilos de las marionetas que quieren embarrar el legitimo e irrenunciable reclamo de soberania sobre las Islas Malvinas

Un veterano de Malvinas presentó en la Universidad de Manchester, en el
Reino Unido, una propuesta de soberanía compartida sobre las islas. A primera
vista, podría parecer la iniciativa aislada de un argentino que desconoce la
legitimidad del reclamo soberano nacional y las consecuencias políticas e
históricas que esa postura implica.
Sin embargo, al observar quién impulsa la iniciativa, surgen indicios que
permiten pensar que esos argumentos no fueron elaborados en soledad.
Alejandro Diego, veterano de guerra, mantiene desde hace años una relación
cercana con el presidente Javier Milei. En 2024, tras haber sido asaltado y
despojado de sus medallas conmemorativas, fue recibido en la Casa Rosada,
donde el mandatario le entregó una réplica de la medalla otorgada por el
Congreso. La distinción acuñada por el Congreso Nacional lleva grabado en el
reverso el nombre de cada veterano, por lo que la medalla apócrifa otorgada ,
no resulta un gesto menor. Además, esa deferencia no se replicó con otros
excombatientes que atravesaron situaciones similares. Ese antecedente
expone la cercanía entre ambos y habilita interrogantes sobre el trasfondo de
esta propuesta.
Durante una conferencia por Zoom, realizada en el marco de los 44 años del
conflicto, Diego sostuvo, entre otras ideas, que las Malvinas deberían tener
estatus de provincia autónoma. Esa afirmación desconoce que las islas
integran por ley la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico
Sur. También propuso otorgarles representación parlamentaria, sin considerar
la ilegitimidad del gobierno local autoerigido, ni el carácter de población
implantada de los isleños, condición que excluye cualquier pretensión de
autodeterminación.
A ello se suma su aspiración de que “flameen juntas las banderas de Reino
Unido, Argentina y la ilegal bandera de los isleños”. Sin embargo, la Argentina
ya presentó por vía diplomática las objeciones correspondientes, dado que los
isleños no pueden ostentar una bandera propia con reconocimiento legítimo.
Se trata de otra formulación que desconoce principios básicos de la posición
argentina.
En la misma línea, y en sintonía con el supuesto respaldo del presidente
Donald Trump, lo incorpora como eventual garante de paz. La idea resulta,
cuanto menos, contradictoria: equivale a confiar el resguardo de las ovejas al
lobo. Más allá de esa valoración, también sostiene que Estados Unidos tendría
capacidad para sentar a ambas partes a dialogar como mediador externo. Otro

aspecto cuestionable de su planteo es la visión sobre el manejo económico del
PBI generado en Malvinas a partir de contratos de explotación celebrados de
manera unilateral y sin derechos legítimos sobre el territorio, recursos que hoy
benefician a la administración isleña.
Esta propuesta, desprovista de fundamentos consistentes y ajena al histórico
reclamo soberano argentino, volvió a generar divisiones entre instituciones de
veteranos, legisladores y quienes trabajamos cotidianamente en la Cuestión
Malvinas. Cabe preguntarse si ese no es, precisamente, su efecto más
funcional: distraer, fragmentar y debilitar una causa que exige coherencia y
unidad. Frente a ello, resulta imprescindible reafirmar un objetivo común y
sostener, con claridad y firmeza, el camino hacia la recuperación de nuestras Islas malvinas