VENEZUELA, TRUMP Y EL FANTASMA DE VERSALLES: UNA ADVERTENCIA DESDE EL DERECHO INTERNACIONAL

La reciente escalada de tensiones entre Estados Unidos y Venezuela volvió a encender alarmas que trascienden la coyuntura latinoamericana y remiten a lecciones profundas de la historia mundial. En una nota de opinión publicada en Ámbito Financiero, el abogado y especialista en derecho internacional Favio Casarin trazó un paralelismo inquietante entre la actual intervención estadounidense y el Tratado de Versalles de 1919, al advertir sobre los riesgos de imponer transiciones políticas y económicas mediante la fuerza.

El análisis de Casarin aparece en un contexto cargado de señales políticas y diplomáticas: la liberación del argentino-israelí Yacoov Harari, detenido en Venezuela desde 2024; el anuncio de una inminente reunión entre Donald Trump y la dirigente opositora María Corina Machado en la Casa Blanca; y la reactivación de contactos bilaterales que conviven con un clima de máxima tensión regional.

Desde su mirada jurídica e histórica, el autor recuerda que el Tratado de Versalles, lejos de garantizar una paz duradera tras la Primera Guerra Mundial, impuso a Alemania condiciones económicas, territoriales y políticas tan severas que terminaron alimentando el resentimiento social, la hiperinflación y la radicalización política. Aquella “paz de castigo”, señala Casarin, no evitó un nuevo conflicto global, sino que lo incubó.

El texto recupera también la advertencia temprana de John Maynard Keynes, quien ya en 1919 anticipaba que las reparaciones de guerra impuestas a Alemania eran materialmente impagables y conducirían al colapso económico europeo. La pérdida de territorios clave, la asfixia productiva y la humillación política erosionaron la legitimidad del sistema democrático alemán y abrieron el camino a los extremismos.

En contraste, Casarin subraya el giro estratégico que siguieron los Aliados tras la Segunda Guerra Mundial. A partir de 1945, Estados Unidos abandonó la lógica punitiva y apostó por la reconstrucción europea a través del Plan Marshall, integrando a Alemania al nuevo orden económico internacional. Ese enfoque, basado en la cooperación y no en la humillación, dio lugar al período de mayor estabilidad entre potencias en la historia moderna de Europa.

Es desde ese marco que el abogado analiza la denominada “Operación Resolución Absoluta”, la incursión militar de Estados Unidos en Venezuela en enero de 2026. Según expone, la intervención vulnera principios centrales del derecho internacional consagrados tras 1945: la prohibición del uso de la fuerza, el respeto a la soberanía estatal, la inmunidad de los jefes de Estado y el principio de no intervención en los asuntos internos de otros países.

Casarin advierte que en el derecho internacional no existe la figura de la “invasión para arresto” y que aceptar ese criterio sienta un precedente peligroso para la seguridad global. A ello suma un elemento clave: el control de los recursos naturales. Desde su perspectiva, los anuncios sobre la administración del petróleo venezolano por parte de Estados Unidos configuran una forma moderna de “paz cartaginesa”, en la que el vencedor anula la autonomía económica del vencido.

La historia, sostiene el autor, demuestra que las transiciones impuestas desde el exterior y percibidas como saqueo rara vez derivan en democracias estables. Por el contrario, suelen alimentar nacionalismos radicales, desestabilizar regiones enteras y prolongar crisis sociales profundas.

La advertencia final es clara: repetir la lógica de Versalles en pleno siglo XXI no solo tensiona el orden jurídico internacional, sino que ignora una lección central de la historia contemporánea. Para que Venezuela alcance una estabilidad duradera, la salida debe surgir de un consenso interno y no de una imposición externa que priorice intereses estratégicos o corporativos por sobre la soberanía popular.