Un informe reciente revela que 7 de cada 10 CEOs operan entornos de nube heredados o improvisados. Hoy, la arquitectura tecnológica -más que la infraestructura- define la capacidad de escalar IA, asegurar datos y cumplir regulaciones. Las empresas argentinas ya sienten esa transición.
¿Qué es la nube híbrida?
La expresión “nube híbrida” hace referencia a la combinación de al menos dos entornos informáticos que comparten información y ejecutan una serie uniforme de aplicaciones para una empresa o negocio.
Durante años, migrar a la nube fue sinónimo de modernización. Pero ese concepto quedó corto. La discusión actual ya no gira en torno a “estar en la nube”, sino a cómo diseñar la arquitectura que permita convertir la IA en valor real de negocio. Esa diferencia, sutil pero determinante, delimita el espacio entre las organizaciones que innovan y las que simplemente buscan ponerse al día.
El recién publicado Cloud Readiness Report 2025 de Kyndryl -el mayor proveedor mundial de servicios de infraestructura tecnológica de misión crítica- ofrece un dato revelador: el 70% de los CEOs reconoce que su entorno de nube se configuró de manera accidental, heredando decisiones previas o respondiendo a urgencias operativas. A pesar de ello, la inversión creció más del 30% en los últimos 12 meses, impulsada por la necesidad de que la nube deje de ser un soporte y pase a convertirse en una estrategia.
De hecho, el 84% de las empresas ya opera en entornos multicloud, y un 41% inició procesos de repatriación de datos para reforzar control y cumplimiento.
Esta transición impacta de lleno en las organizaciones argentinas, especialmente en sectores que tradicionalmente lideran la adopción tecnológica: banca, energía, agroindustria y fintech.
Para ellas, la infraestructura dejó de ser un commodity; ahora, lo que marca la diferencia es la capacidad de orquestar entornos públicos y privados, garantizar un flujo de datos confiable y construir una base donde los modelos de IA puedan entrenarse, operar y evolucionar sin comprometer la seguridad.
La tendencia se ve acelerada por el avance de la IA agéntica -sistemas capaces de actuar y decidir en tiempo real- que exige arquitecturas más sofisticadas y una visión de gobernanza más madura.

Cada vez más empresas entrenan modelos en la nube pública por su escalabilidad, pero los ejecutan en entornos privados para asegurar compliance y minimizar riesgos.
Esta dualidad se vuelve particularmente relevante para organizaciones locales que manejan datos sensibles y deben responder ante reguladores.Todo esto ocurre mientras la seguridad se convierte en un asunto de directorio.
Con el 82% de las empresas reportando incidentes cibernéticos, la pregunta ya no es cuánto cuesta invertir en protección, sino cuánto puede costar no hacerlo.
A nivel global, el 75% de las compañías está incorporando IA aplicada a defensa digital, una tendencia que también gana fuerza en el mercado argentino, donde la resiliencia es un atributo competitivo.
“La brecha entre una estrategia de nube reactiva y una deliberada nunca ha sido tan trascendental”, dijo Nicolas Sekkaki, líder de práctica global de nube de Kyndryl.
“Con la IA exigiendo un acceso fluido a los datos y las normativas de gobernanza evolucionando rápidamente, un modelo de nube híbrida es el diferenciador que permite una adopción exitosa de la IA”.En definitiva, el rediseño de la nube no tiene grandes titulares, pero su impacto es profundo.
Las empresas que comprendan que la arquitectura tecnológica será la base de su capacidad de innovar -y no simplemente un soporte operativo- estarán mejor posicionadas para escalar IA, adaptarse a nuevas regulaciones y liderar en un mercado que premia la agilidad.
En un país donde cada decisión tecnológica debe justificarse estratégicamente, la nube híbrida se perfila como la pieza silenciosa que habilitará a los próximos ganadores.
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