Dos proyectos de Central Puerto sumarán 205 MW de potencia para atender a las redes de Edenor y Edesur. El desarrollo abre una nueva etapa para el almacenamiento de energía, con inversiones que requieren financiamiento a largo plazo y tecnología capaz de sostener su rendimiento durante años.Guardar electricidad para utilizarla cuando más se necesita comienza a ganar escala en la Argentina. Las grandes baterías, que permiten acumular energía y entregarla después a la red, se perfilan como una herramienta para acompañar el crecimiento de las fuentes renovables y reforzar el abastecimiento en los momentos de mayor demanda.
Uno de los avances concretos está en los proyectos Nuevo Puerto y Central Costanera, que desarrolla Central Puerto dentro del programa AlmaGBA. Ambas instalaciones utilizarán tecnología de baterías de litio-ferrofosfato, conocida como LFP, suministrada por la compañía china CATL, y reunirán una potencia de 205 MW.
Según la información presentada por el proveedor tecnológico, Nuevo Puerto tendrá 150 MW de potencia y una capacidad de almacenamiento de 750 MWh. Esa relación equivale a cinco horas de entrega a máxima potencia. El proyecto cuenta con un contrato de abastecimiento por 15 años con Edenor y, al momento de la presentación, registraba un avance aproximado del 80%, con el inicio de la operación comercial previsto para mediados de diciembre de 2026.
Central Costanera, destinada a prestar servicio a Edesur, incorporará otros 55 MW de potencia y 275 MWh de almacenamiento, también equivalentes a cinco horas de descarga a plena capacidad.
La diferencia entre ambas unidades ayuda a entender el alcance de estas inversiones. Los megavatios indican cuánta potencia puede entregar una instalación en un momento determinado, mientras que los megavatios hora expresan la cantidad de energía que puede guardar. Para el sistema eléctrico, importa tanto la capacidad de respuesta como el tiempo durante el cual puede sostenerla.
Estos desarrollos ocuparon un lugar central en la conferencia que CATL organizó el 29 de octubre en Buenos Aires, con representantes del sector eléctrico, bancos, inversores y especialistas en regulación. La discusión se concentró en cómo convertir las posibilidades técnicas del almacenamiento en proyectos que puedan construirse, conseguir crédito y funcionar durante décadas.
El financiamiento aparece entre los puntos decisivos. Una batería de gran escala exige una inversión inicial considerable, pero su resultado económico depende también de cuánto se degrada, qué disponibilidad mantiene y qué gastos demanda a lo largo de su vida útil.
De acuerdo con el resumen del encuentro, los representantes de Santander, Bank of China, ICBC, Balanz e IFC señalaron que las entidades financieras prestan cada vez más atención a la trayectoria del proveedor, la seguridad de los equipos y su desempeño operativo. La evaluación del precio de compra se amplía así hacia los riesgos y los ingresos esperados durante todos los años de funcionamiento.
Para los desarrolladores argentinos, conseguir recursos a largo plazo resulta especialmente relevante. El documento de contexto de CATL señala que las limitaciones del crédito local orientan la búsqueda hacia organismos multilaterales, bancos internacionales e inversores institucionales. Contar con contratos de abastecimiento y garantías técnicas verificables puede contribuir a dar mayor previsibilidad a esas inversiones.
La utilidad de las baterías también depende de dónde se instalen y qué necesidad atiendan. Pueden almacenar producción solar para entregarla cuando cae el sol, acompañar la generación eólica o aportar energía cerca de los centros de consumo durante las horas de mayor exigencia. Su contribución debe evaluarse junto con las condiciones de cada red y las obras de infraestructura necesarias.
Juan Luchilo, gerente general de CAMMESA, y Fernando Bonnet, CEO de Central Puerto, participaron del intercambio sobre las aplicaciones de esta tecnología y los modelos de ingresos que podrían desarrollarse. La experiencia de construcción de los proyectos del programa AlmaGBA permitió llevar la conversación hacia cuestiones concretas de ejecución y operación.
Las reglas del mercado serán otro factor determinante. Ricardo Castañeda, socio de Beccar Varela, y Gabriel Araneda, referente de Energías Renovables para América Latina de Bureau Veritas, analizaron los requisitos de conexión, las condiciones regulatorias y su incidencia sobre las decisiones de inversión.
CATL también presentó alternativas tecnológicas para futuras instalaciones, entre ellas las baterías de ion sodio. Según la empresa, esta solución ofrece menor exposición a las variaciones del precio del litio y características que podrían resultar útiles para proyectos en zonas frías o redes remotas. Su posible aplicación en el país fue planteada como una oportunidad, sin anuncios de desarrollos locales con esa tecnología.
Con los proyectos de Central Puerto en marcha, el almacenamiento empieza a adquirir una dimensión concreta dentro del negocio eléctrico argentino. El siguiente paso será comprobar su desempeño y establecer condiciones que permitan multiplicar las inversiones. La capacidad de guardar energía ya tiene aplicaciones identificadas; su expansión dependerá de que los contratos, el crédito y la operación sostengan los números durante toda la vida útil.