No recordar dónde quedaron las llaves, tardar en encontrar una palabra o entrar a una habitación y olvidar qué se iba a buscar son situaciones frecuentes que pueden aumentar con los años. Pero no todos los olvidos forman parte del envejecimiento normal: cuáles deberían llamar la atención y por qué detectar los cambios a tiempo puede hacer la diferencia.
| ¿Qué puede ser normal y qué debería generar una consulta?Olvidar dónde se dejaron las llaves: puede ser habitual. Colocarlas repetidamente en lugares inusuales y no poder reconstruir qué se hizo con ellas merece atención. Olvidar ocasionalmente una cita o un nombre y recordarlo después: puede ocurrir con la edad. Olvidar repetidamente información reciente o hacer varias veces la misma pregunta es una señal para consultar. Tardar en encontrar una palabra: es frecuente. Perder el hilo de una conversación, tener problemas reiterados para expresarse o utilizar palabras que dificultan hacerse entender requiere atención. Confundirse alguna vez con el día de la semana y luego darse cuenta: puede suceder. Perder con frecuencia la noción del tiempo o desorientarse en lugares conocidos no debería naturalizarse. Cometer un error ocasional al hacer una cuenta: no necesariamente indica un problema. Empezar a tener dificultades para pagar facturas, seguir una receta conocida o resolver tareas cotidianas que antes eran habituales puede ser una señal de alerta. Tomar alguna mala decisión: le puede pasar a cualquiera. Los cambios reiterados en el juicio, la conducta o la capacidad para tomar decisiones también justifican una consulta.La pérdida de memoria tampoco significa automáticamente Alzheimer. Estrés, depresión, alteraciones del sueño, algunos medicamentos y diferentes problemas de salud pueden afectar la memoria y la concentración, y algunas de sus causas pueden tratarse. Por eso, ante cambios persistentes, la evaluación profesional es fundamental para intentar determinar qué está ocurriendo. “Consultar tempranamente permite evaluar no solamente la memoria, sino también otras funciones como el lenguaje, la atención, la orientación y la capacidad para resolver problemas. Muchas veces es la familia la primera que detecta cambios que la propia persona no registra, y esa observación también es importante”, agregan desde Boreal Salud. Además de prestar atención a las señales, cuidar la salud cerebral forma parte de la prevención a lo largo de toda la vida. Mantener actividad física, evitar el tabaco y el consumo perjudicial de alcohol, sostener vínculos sociales y actividad cognitiva y controlar factores como la presión arterial, el colesterol y la glucemia son algunas de las medidas asociadas con un menor riesgo de deterioro cognitivo. La clave no está en alarmarse ante cada olvido, sino en reconocer cuándo deja de ser algo ocasional y empieza a modificar la vida cotidiana. |
