La Salud. Fragmentada por diseño.

En Argentina importaría dónde vivís!
Tu provincia, tu obra social o tu cercanía a Buenos Aires podrían definir tu estado de salud.
Esto no parecería ser una preocupación, sino más bien una lotería.

Acceso a la salud

Introducción. En Argentina no importa solo qué tenés, sino dónde vivís. Tu provincia, tu obra social o tu cercanía a Buenos Aires pueden definir tu salud. Eso no es un sistema: es una lotería.

Argentina eligió ser un país federal. Cada provincia tiene su autonomía, su gobernador, su presupuesto, su manera de hacer las cosas. En muchos aspectos, eso es parte de nuestra identidad. Pero cuando hablamos de salud, esa misma lógica se vuelve un problema. Porque lo que debería garantizar derechos, termina generando desigualdades.

De que cosas dependería el Acceso a la salud?

Hoy, acceder a una consulta, un diagnóstico, una medicación o una cirugía depende de demasiadas cosas:

✔️ Dónde vivís

✔️ Qué obra social tenés (o si no tenés ninguna)

✔️ Si tu provincia tiene hospitales equipados

✔️ Si el médico está disponible

✔️ Y hasta de si tu receta está bien hecha para el sistema que te tocó en suerte

No hay un sistema de salud. Hay muchos sistemas, que no se hablan entre sí.

La Constitución de 1853 estableció el federalismo. Pero con el tiempo, el poder real y los recursos se fueron concentrando en Buenos Aires. Así nació una Argentina desigual, con provincias que hacen lo que pueden con lo que tienen, y otras que deciden más de lo que les corresponde.

¿Se puede cambiar esta lógica sin romper el federalismo?

Sí, se puede. Pero hace falta una decisión política: cooperar sin competir. Porque un sistema integrado no significa que todos hagan lo mismo, sino que todos apunten al mismo objetivo: que nadie tenga menos salud por vivir en un lugar distinto.

¿Qué podríamos hacer?

  • Un sistema de información común, donde cualquier médico, en cualquier lugar, pueda ver la historia clínica de un paciente.
  • Una rectoría nacional que oriente sin imponer, que proponga estándares comunes y guíe con evidencia, no con ideología.
  • Fondos que lleguen a donde más se necesitan, no donde más poder hay.
  • Redes regionales de atención, para que las provincias se complementen y no se dupliquen esfuerzos.
  • Integrar los subsistemas: que público, privado y obras sociales trabajen coordinadamente, sin que el paciente quede atrapado en el medio.

Y, sobre todo, un cambio de mirada: dejar de pensar en estructuras y empezar a pensar en las personas.

Porque mientras discutimos jurisdicciones, hay gente esperando. Esperando un turno, un medicamento, una prótesis, una oportunidad. Y no tiene tiempo para discusiones políticas.
Si el sistema de salud no puede ser igual para todos, al menos debería ser justo. Y eso no se logra con más reuniones, se logra con más acuerdos. Más humildad. Y más empatía.

Fin del artículo