Argentina envejece. No es una opinión, es un dato. Y, sin embargo, el mercado
sigue actuando como si ese dato fuera provisorio, reversible o directamente incómodo. Como si la longevidad fuera un desvío estadístico y no el nuevo paisaje social. El problema no es biológico. Es cultural.
La llamada generación silver no está “activa para su edad”. Está activa. Punto. Sigue produciendo ingresos, tomando decisiones, cambiando de opinión, probando cosas nuevas. No vive del recuerdo: vive del presente.
El error es persistir en una lógica que ya no describe la vida real. Seguir diseñando productos “para jóvenes” y soluciones “para viejos”, como si la experiencia vital pudiera dividirse en compartimentos estancos. Como si a los 70 se dejara de elegir, de comprar, de desear.
La longevidad no es un lujo. Es una conquista colectiva. Y también es una
interpelación directa al mercado: hay más años de vida, más tiempo de consumo, más decisiones por tomar. Lo que falta no es demanda. Falta imaginación.
El consumo silver no pide concesiones ni discursos edulcorados. Pide productos bien pensados, marcas que no infantilicen, tecnología usable, servicios financieros que entiendan trayectorias largas y no finales cortos.
No quiere productos “para su edad”. Quiere productos a la altura de su experiencia.
No pide privilegios: pide inteligencia. No busca nostalgia: busca proyectos.
El mercado sigue obsesionado con captar jóvenes que no llegan a fin de mes y descuida a quienes tienen tiempo, criterio y posibilidad de compra. Una paradoja difícil de justificar.
El mayor déficit no está en la oferta, sino en el relato. Las marcas siguen
comunicando como si la vida estuviera dividida en etapas rígidas y decrecientes: juventud como promesa, vejez como despedida.
Pero la vida real ya no funciona así. Hoy hay personas de 70 que empiezan cosas, no que las terminan. Que cambian de rumbo. Que se reinventan sin épica, pero con decisión.
La longevidad no puso en crisis al mercado. Lo dejó en evidencia. Aún cree que está hablando del futuro. En realidad, está discutiendo con el pasado.