Primer día sin Messi: qué nos deja el más grande de todos los tiempos
Lo despedimos y lloró el mundo. Con el egoísmo de quienes lo amamos como al líder gigante que es, le pedíamos: «No te vayas».
La expectativa fue tan grande que la fiesta, en sí misma, nos dejó gusto a poco, una sensación difícil de apartar: merecía más.
Es Messi. El gran campeón. Único y, ojalá, repetible; aunque hasta ahora no tenga sucesor. Vox populi, vox Dei: que el pueblo elija, sin ídolos impuestos.
La apertura sí fue única: el Himno Nacional, en la voz maravillosa del VGM Fabio Santana, combatiente de Malvinas perteneciente a La Matanza.
En declaraciones previas, Fabio remarcó la unión entre el fútbol y Malvinas. En un homenaje dentro del homenaje, adelantó con emoción que cantaría por todos sus hermanos combatientes: los caídos, los fallecidos en posguerra y los veteranos que, día tras día, siguen malvinizando. Como símbolo inequívoco de su ofrenda a corazón abierto, llevaba aquella bandera que ganó su jerarquía porque nació como una sábana y entró a escondidas en un estadio colmado, durante el partido más importante para la Argentina en el Mundial 2026: el encuentro frente a Inglaterra. Entró como un trapo y salió convertida en una bandera histórica. Fue primera plana en medios de todo el mundo y le gritó al universo que las Malvinas son argentinas. Allí estaba, sobre el césped, a los pies de los campeones.
Vimos a un Messi que intentaba contener sus emociones, rodeado por sus afectos y por el rugido de un estadio desbordado que coreaba su nombre.
En un partido amistoso, en el marco de una fecha FIFA, la Selección enfrentó a Benín, un país del que sabemos poco. Sin embargo, en los días previos pudimos ver la alegría de sus jugadores y el respeto que profesaban por el número 10 argentino.
Con el corazón en un hilo, millones de ojos alrededor del planeta contemplaron el último penal de la Pulga con nuestra Selección.
Con el silbatazo final llegó aquello que ni el propio campeón quería: el adiós. En sus lágrimas volvimos a ver su grandeza; por sus ojos pasaron, seguramente, los 21 años que vistió la camiseta celeste y blanca. Los buenos y los malos momentos. La ingratitud de algunos sectores y el reconocimiento de tantos otros. Se retira con el récord de seis Mundiales disputados, como máximo goleador, ganador de Balones de Oro, campeón y subcampeón de varias copas. Pero, por encima de todo, se retira un ser humano fuera de serie. Su carrera estuvo lejos de los escándalos; fue impecable y ejemplar en su vida familiar, solidario con causas vinculadas a la infancia, sin ostentar ni publicitar sus donaciones. Un gran líder y un amigo todavía mejor.
Merecía más. Resultó difícil comprender que, antes de que los drones dibujaran su figura, apareciera una pauta publicitaria. Los auspiciantes van al final, no al comienzo. Y el cierre mostró al ídolo pateando con la diestra. Messi es zurdo. ¿Alguna vez podrán hacer las cosas bien?
Casi pasó inadvertido el simbólico regalo que el capitán recibió de la Selección de Benín: una escultura inspirada en las amazonas del antiguo Reino de Dahomey, actual Benín. Eran mujeres guerreras que hicieron historia en África. Conocidas como Mino —«nuestras madres»—, se destacaron por su valentía y fueron protagonistas absolutas de la defensa de su territorio.
El obsequio fue mucho más que un símbolo: evocó una historia de coraje y de protagonismo femenino.
La destinataria fue Antonela Messi. El gesto buscó transmitirle a la reina la fortaleza, la fuerza y el coraje para defender al rey, subrayando el protagonismo femenino. Fue un reconocimiento a la gran compañera que brindó apoyo incondicional al hombre más admirado del mundo.
Nos quedan las pequeñas señales: Messi en la AFA; Messi recibiendo el título de doctor honoris causa de la UBA; Messi con la bandera de Malvinas.
Y Messi, socio honorario de River Plate.
Gracias eternas, campeón. El fútbol seguirá, pero desde hoy será un poco más difícil mirar la cancha sin buscarte.